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Roma huele a Wojtyla

Se fue hace cinco años, tras una larga y dolorosa agonía televisada en directo y unos funerales de Papa-Rey, pero su presencia sigue viva. Estos días, Roma huele especialmente a Karol Wojtyla. Y es que el primer Papa venido del Este se hizo profundamente romano. Por su capacidad innata de inculturación y por ser obispo de Roma.


La ciudad hierve, sobre todo, en los alrededores del Vaticano, de peregrinos del nuevo beato. La mayoría jóvenes o casi. Son sus 'Papa boys', los jóvenes que lo siguieron en sus magnos espectáculos de fe en las diversas jornadas mundiales de la juventud. Los que le gritaban "Totus tuus" o "Juan Pablo II te quiere todo el mundo".

El escenario está casi a punto y preparado para la macrobeatificación. La Plaza de San Pedro está ya repleta de peregrinos de todo el mundo, que miran, fascinados, a su beato que decora la columnata de Bernini. Una plaza tapizada con fotos y lemas del Papa Wojtyla.

A la entrada de la plaza, a la derecha, su lema y su escudo. A la izquierda, una pantalla gigante que reproduce los viajes por todo el planeta del Papa peregrino por antonomasia, que dio la vuelta al mundo varias veces.

Veintisiete años, veintisiete fotos
En la columnata de la derecha, 27 grandes fotos con los momentos estelares del pontificado de Wojtyla. Una por cada año. Por ejemplo, en el año III, el atentado; en el IX, el encuentro interreligioso de Asís; en el XI, con Madre Teresa; en el XII, con Gorbachov; en el XVII, ante la ONU; en el XXIII, en el Muro de las Lamentaciones; y en el año XXVII, su féretro en esta misma plaza.

A la izquierda, la columnata ha desaparecido, tapada por un enorme retrato de Juan Pablo II, apoyado, en su famoso báculo coronado por un Cristo, junto a uno de sus lemas favoritos con enormes caracteres: "Spalancate le porte a Cristo" (Abrid las puertas a Cristo).

La plaza, ya dividida por sectores, en los que comienzan a colocar las 12.000 sillas para los primeros peregrinos que lleguen. Los jardineros empiezan también a montar un jardín renacentista en honor del Papa Wojtyla, al que tanto le gustaba la naturaleza. Una vez terminado, lucirá más de 20.000 rosas blancas, naranjas y amarillas, así como 700 plantas de boj, 600 flores de lavanda y 15 cipreses de cinco metros de altura cada uno.

En la vía de la Conciliazione, grandes fotos que anuncian el evento y las librerías abarrotadas de novedades sobre el Papa Wojtyla. Mientras, en las calles adyacentes, los vendedores ambulantes hacen su agosto en mayo y las fotos colgadas de las farolas que proclaman en dialecto romano: "Dámose da fa. Semos romani" (Manos a la obra. Somos romanos). Roma, siempre comerciante, quiere aprovechar, una vez más, el flujo de peregrinos que le llegan de la mano del Papa polaco. Y, a su manera, se lo agradece.

Un Papa romano
No en vano la ciudad eterna fue su casa durante 27 años. En Roma vivió sus muchos momentos de gloria. Desde el "no tengáis miedo" recién elegido Papa, a la fiesta del jubileo del 2000 con su solemne 'mea culpa' por los pecados de la Iglesia, pasando por sus innumerables beatificaciones o sus encuentros con los grandes líderes del siglo XX. O la apoteosis de su entierro. Wojtyla convirtió el Vaticano y, por lo tanto Roma, en la plaza mayor del mundo global.

Y en Roma vivió también sus momentos de pasión. Desde los oscuros manejos financieros de monseñor Paul Marcinckus, al asesinato del cabo Cedray de la Guardia Suiza, pasando por sus numerosas visitas el Policlínico Gemelli y, sobre todo, por su sangre vertida en la misma Plaza de San Pedro tras los disparos de Alí Agca.

Juan Pablo II fue un párroco del mundo, el primer Papa global. Dicen que, para eso, dejó las llaves del Vaticano en manos de la maquinaria curial, pero lo que nunca quiso dejar fue su cayado de pastor de Roma. Porque ése es el primer título del Papa. Y Roma, la ciudad que vio desfilar a emperadores y Papas, quiere rendir ahora un nuevo y sentido homenaje al Pontífice que la volvió a convertir en 'caput mundi'.

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