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El centenario de Rodriguito.....El locutor. Creó “El informador policíaco”, con “El suceso de hoy”


Manuel Antonio Rodríguez –Rodriguito-, fue el tercer hijo del matrimonio conformado por Francisco Raúl Rodríguez Bonelly (don Pancho), con Ana Dorila Balcácer. Nació en Santiago de los Caballeros el 17 de septiembre de 1911.

Su infancia, junto a sus hermanos, Lucila, quien llegaría a ser la esposa del bardo santiaguero Agustín Aybar, Celeste y Raúl, transcurrió en el barrio La Joya, de Santiago.
La familia Rodríguez Balcácer, por razones que ignoramos, se fracturó, y de una segunda unión de don Pancho con Amparo Collado, nacieron otros hermanos: Balbino, Diógenes, Carmen, Josefina (Fina) y María Amparo (Mery), todos fallecidos, y también Mercedes (Mecho), Teodoro (Teo) y Teresa (Teté).
Siendo adolescente y ante la imposibilidad de seguir estudiando y la necesidad de producir para su propio sustento, recorrió vastas regiones de la geografía patria haciendo cualquier clase de trabajo decoroso con tal de ganarse unos pesos.
Con un cuñado trabajó como ayudante de albañilería, tiempo en que conoció a quien sería su esposa de toda la vida, la joven Enoe Rodríguez Maldonado, oriunda, como él, de la Ciudad de los 30 Caballeros.
De esa forma transcurría su vida, sin siquiera pasar por su imaginación que alguna vez pudiera encontrarse dentro de una cabina de radio frente a un micrófono. “Pero un día” … Desde muy temprana juventud, Manuel Antonio, fue un gran entusiasta de la vida bohemia, de las serenatas y las parrandas, de los tragos, a los que él posteriormente bautizaría como “directos al hígado”, y que le producirían un influjo y una afición que le acompañaría como su sombra durante toda su existencia.
Una noche, mientras compartía con un grupo de amigos en un centro nocturno de Santiago, se le acercó un hombre que para él era un perfecto desconocido, y quien sin ninguna palabra de presentación, sin decir quién era, se introdujo en la tertulia de aquel grupo de muchachos y directamente lo abordó diciéndole: “¿tú quieres trabajar en la radio?”.
La pregunta como que fue mucho para él. “¿Cómo hacerme esa proposición a mí, sin saber quién soy, qué condiciones, preparación o calidad tengo yo para hablar por radio?”. No le dijo las razones de la oferta, pero es probable que por lo cercanos que estaban en el sitio, al escucharlo hablar, oír su pronunciación, su dicción y, a lo mejor hasta el dominio del tema que trataban, fueran razones valederas para pensar o creer que en ese joven había un locutor en potencia.
Después de cavilar, dudar y pensar un momento, respondió afirmativamente a Rafael (Fello) Western, uno de los pioneros de la radiodifusión dominicana, quien al establecer la emisora HILA, introdujo la radio comercial en Santiago.
Es así como Manuel Antonio Rodríguez inicia al día siguiente un espacio a través de las ondas hertzianas, que se extendería por casi 40 años. Aquel día, martes, 4 de junio del año 1935, nacía una voz que implantaría un estilo, impondría programas que llenarían una época, crearía frases que se impondrían en la aceptación de los radioescuchas y una de ellas se convertiría en una marca de fábrica, un sello personal.
Sobre la marcha, toca otras puertas santiagueras que tímidamente también se le abrieron; fue así como, haciendo credenciales, llegó a las ya establecidas HI1L y HI3U, en la que dirigió el noticiero Radio Periódico.
Movido por las mismas razones, en 1939 se marcha a Ciudad Trujillo para trabajar en las emisoras HI1G y HI2G, pero las cosas no se dieron como las había planeado, además de que la novia había quedado en su patria chica, situaciones que hicieron que su periplo capitalino durara poco y que en 1941 regresara a Santiago para desempeñarse en la radio HI1S.
En 1942 se casó con Enoe, con quien más tarde, después de perder su primera hija, procreó a Dulce Adalia y Manuel Antonio. El hijo bueno y humilde, el buen hermano, buen amigo, buen ciudadano, gran ser humano, bohemio, albañil, tipógrafo y artista, se convertiría a partir de entonces en excelente esposo y amoroso y dedicado padre.
Preocupado por lo que sería el futuro de su familia, pensando en base a lo que era el trabajo y su producción monetaria en la capital del Cibao, en 1944 llega nuevamente a Ciudad Trujillo, donde de inmediato vuelve a trabajar en HI1G, conduciendo el programa “Clarines Porteños”. Además, logra ubicarse en el staff de la HIZ, entonces propiedad de don Frank Hatton.
Su desempeño como locutor lo compartiría entonces con el de tipógrafo en varias imprentas. En 1947 solicitó trabajo en La Voz del Yuna, siendo aceptado, y antes de entregarle su nombramiento como locutor, fue llamado a una entrevista con el “fundador, presidente y tesorero” de la radiodifusora, el entonces coronel José Arismendi Trujillo Molina (Petán).
En presencia del intimidante personaje, se desarrolló una conversación en la que Petán, entre muchas cosas, le preguntó si trabajaba en algún otro sitio.
Manuel Antonio Rodríguez le respondió que sí, que era tipógrafo en una imprenta. Entonces, dándole una palmada en el hombro, el coronel aseveró: “pues deje eso y venga a trabajar con nosotros”, ordenando se le entregara el programa “La Hora del Agricultor”, el que más adelante sería “La Hacienda por la Radio”, convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales de su conductor.
Dentro de esa institución, que se constituyó en el crisol donde se fundió un sinnúmero de figuras de fama nacional e internacional y donde brillaron estrellas provenientes de otras latitudes, Manuel Antonio Rodríguez, por su estatura (5’ 2’’), fue bautizado por sus compañeros de labores con el apelativo Rodriguito (diminutivo de Rodríguez).
Su responsabilidad y dedicación empezaron a generarle nuevos y mayores compromisos y responsabilidades, como su ingreso –y permanencia por mucho tiempo– en el cuadro de comedias de Felipa y Macario en el programa “Romance Campesino”.
“El informador policiaco”. Es en ese ambiente de escribir, narrar y actuar donde se genera la idea de un programa sencillo que lleve al común de la gente, sin importar su clase o nivel académico, un rosario de noticias policiales variopintas, que describan ocurrencias sucedidas en cualquier ámbito y que la de más impacto, a juicio de la producción, pudiera dramatizarse. Es así como, en 1952, surge “El Informador Policíaco”, con “El Suceso de Hoy”, a través de La Voz Dominicana, el cual estuvo en el aire durante 22 años continuos de lunes a sábado entre las 2:00 y las 3:00 de la tarde, hora que todo el país esperaba y que coincidía con el tiempo de reposo del almuerzo y de cierre de oficinas y comercios.

Escrito por: MANUEL A. RODRIGUEZ HIJO