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Actor fetiche de Alfred Hitchcock, se cumple 25 años de la muerte de Cary Grant


«Atrapa a un ladrón», de Alfred Hitchcock

Ingrid Bergman. Katharine Hepburn. Joan Fontaine. La lista sigue. Son muchas las actrices a las que durante más de tres décadas conquistó Cary Grant en sus películas. El protagonista de «Con la muerte en los talones» o «Charada» se despidió de este mundo un día como hoy de hace 25 años, el 29 de noviembre de 1986.
Detrás de sí dejaba 74 películas, un Premio Oscar honorífico y el grandísimo honor de haber pertenecido a la época dorada de Hollywood.
Archibald Alexander Leach, su verdadero nombre, nació en Bristol (Reino Unido) el 18 de enero de 1904. A los 14 años dejó el colegio y se unió a una compañía de comediantes con la que viajó en 1920 a Estados Unidos. Allí, la actriz Mae West se fijó en su imponente físico (medía 1,87 metros y se asemejaba al arquetipo de gentleman británico) y lo reclutó para una de sus películas, «Lady Lou». Era el comienzo de una fulgurante carrera.

De «La fiera de mi niña» a «Con la muerte en los talones»

Durante los años 30 y 40, Cary Grant fue el protagonista de algunas de las más emblemáticas comedias de esos años. Con Katharine Hepburn formó una alocada pareja en «La fiera de mi niña» e «Historias de Filadelfia», película en la que trataba de reconquistar a la Hepburn al igual que en «Luna nueva», basada en una obra teatral que años después inspiraría a Billy Wilder para su «Primera plana», lo intentaba con Rosalind Russell. Entre deshacer bodas y casamientos, le quedó tiempo para horrorizarse con sus dos ancianas tías, asesinas de viejitos en «Arsénico por compasión».
Esos años serían también los del comienzo de su colaboración con uno de los directores que mejor supo aprovechar su talento y versatilidad: Alfred Hitchcock. El maestro del suspense vio en su compatriota las fortalezas que a él le faltaban: elegancia, atractivo, conquistador. Quizá por ello fue una especie de alter ego en «Sospecha», donde una atemorizada Joan Fontaine desconfiaba de las intenciones de su marido (nunca un vaso de leche dio tanto miedo) y en «Encadenados», en la que interpretó a un agente del Gobierno estadounidense que utiliza a la mujer a la que ama (Ingrid Bergman) para desenmascarar a una red de nazis en Río de Janeiro. Más tarde haría de un elegante ladrón de guante blanco que sucumbiría ante los encantos de Grace Kelly en «Atrapa a un ladrón» y de publicista envuelto sin quererlo en líos gubernamentales en «Con la muerte en los talones». En cuatro películas, Hitchcock demostró que Cary Grant era un actor de múltiples recursos capaz de interpretar cualquier papel: seductor, cómico, amenazante... Pero además, el director de «Psicosis» consiguió que permaneciera grabado en la retina de muchos cinéfilos después de que una avioneta fumigadora lo persiguiera con propósitos poco lícitos.
Quizá por coquetería, por ver cómo al envejecer ya no era el mismo de antes, Grant se retiró del cine tras estrenar «Apartamento para tres» en 1966. El final de sus días, en 1986, le llegó protagonizando un espectáculo donde se ponían fragmentos de sus películas, tras los cuales el público podía preguntar lo que quisiera al actor.
Grant estuvo nominado en dos ocasiones al Oscar, por «Serenata nostálgica» (1945) y «Un corazón en peligro» (1942). No lo obtuvo y se tuvo que conformar con una estatuilla honorífica en 1970 que reconocía su labor en el mundo de la interpretación. Detrás quedaban las 74 películas que nombrábamos al comienzo, el haber enamorado en la pantalla a Deborah Kerr o Eva Marie Saint pero, sobre todo, el haberse ganado el corazón de multitud de espectadores de varias generaciones a lo largo y ancho del mundo.

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