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Agiotismo y especulación


El agiotismo y la especulación, son dos de los cánceres de la economía popular, que desangra a los dominicanos. Esa especulación que se da en los artículos de la dieta diaria es ejecutada por los grandes almacenistas, los supermercados y el colmado de la esquina

No hay en el país ningún organismo que pueda poner control al movimiento especulativo, y cada comerciante vende los productos a como le venga en gana.

Hace muchos años fue desmantelada la Dirección General de Control de Precios, que en ese momento era una dependencia de la entonces secretaría de Industria y Comercio.

Cuando llegaron los planes de globalización de la economía, se implementó dejar flotar de acuerdo a la demanda los productos de primera necesidad, y todos los comestibles en sentido general.

O sea, que los precios fueran fijados por el libre mercado, y no por las necesidades de los consumidores.

Esa situación tiene que ser controlada. Debe surgir una nueva cara de la Dirección de Control de Precios, con mayor operabilidad profesional.

En sus últimos años, muchos de los inspectores de ese organismo se dedicaban al compadreo con los dueños de establecimientos, y tenían conexiones desde los colmados de barrio hasta con los grandes supermercados.

La idea era buena, establecer los precios controlados de los artículos de primera necesidad, y no que flotaran, de acuerdo a las apetencias de los mercaderes.

Hasta cierto punto la idea del control de los precios de los alimentos y el libre comercio, pueden ser compatibles. Hay que fijar un listado de la canasta popular al que se le de protección.

El ministerio de Industria y Comercio y el equipo de economía popular del Banco Central pueden trabajar en preparar el listado de los precios de los comestibles de la canasta básica que se deben vender a precios controlados.

Si usted quiere alimentos especiales, entonces pagaría por ellos, pero el pobre que sólo puede comprar lo esencial, tendría garantizada su alimentación.

En los últimos años se ha estado tratando de establecer esa canasta familiar popular, pero los más opuestos a ello han sido los comerciantes. Es necesario llegar un punto de entendimiento, para que se garanticen los buenos precios a la comunidad.

Como los supermercados, en un rejuego económico, ofrecen los famosos especiales semanales, así podrían integrar a un listado popular el arroz, las habichuelas, los aceites, la pica-pica, los huevos y otros.

No sería cuestión de marcas, sino de subsistencia. 

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