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A Pleno Sol....... Economistas en chancletas..... Por Manuel Hernández Villeta


La voz del director

La economía dominicana tiene que darse un baño a pueblo.  Los economistas para sincerizarse con la realidad, tienen que dejar los salones de aire acondicionado, y los pisos acolchados con mullidas alfombras y darse un baño de sol.


Estar en un cuarto con luces ambientales y un  ordendor al alcance de la mano, hace que los economistas  vean los problemas sociales como simples números y fórmulas, olvidándose que se juega con el futuro de seres humanos.

Por eso la economía dominicana debe salir de los libros de texto, de los bancos, de los analistas, y montarse en un carro de concho o una guagua pública.

Por lo menos hay dos países diferentes, (para el caso que nos ocupa), visto por el tecnócrata de saco y pantalón de lino irlandés, y el hombre que a sudor y músculo gana un salario mínimo.

Aunque usted no lo quiera, los economistas, que son una minoría que cabe en el puño de una mano, dirigen el destino de la nación, mientras que la gran mayoría es ese pedro pueblo, ese hijo de machepa, que no encuentra defensor.

Hay fraccionamientos sociales, que con el tiempo se ahondan y pueden generar un clataclismo, cuando en el balance económico no se toma en cuenta el destino de los más necesitados.

Es el caso de las estadísticas de las instituciones económicas, que hablan de progreso, de desarrollo, de venta y compra de vehículos e inmuebles, sin aplicar el bisturí en una llaga purulenta.

Cierto que hay segmentos de la población que cambian el carro cada año, o a los más cada tres años, y que adquieren en el plano los apartamentos de los modernos edificios y tienen seguros médicos de lujo para atender sus enfermedades.

Pero señores, hay otra cara, hermana de esa opulencia, y es la miseria más espantosa que padece el 70 por ciento de los dominicanos.

Una mayoria significativa  de connacionales se levanta cada día sin saber donde está su desayuno, su comida o su cena, y sin posibilidades de recibir asistencia médica, en caso de que se enferme o sufra un accidente.

La miseria y la riqueza son hermanas, provienen de la misma madre, del mismo padre, de la misma alegría o de la misma desgracia.

La mala distribución de esa riqueza, la acumulación de esos bienes sin sentido social, es lo que arrincona a millones de personas que sienten tronchado su camino al progreso.

De ahí surgen las desigualdades sociales, las revoluciones, los dictadores que se encaraman en la ola prometiendo mejores condiciones de vida, o la simple represión para que todo siga igual.

Los economistas pueden un día ponerse tenis, pantalones mecánicos, montarse en una guagua de Juan Hubieres y ver la otra cara de la moneda de su trabajo.

Es la mejor forma de comprender porque surgen las teas sociales y la disconformidad de millones. Por un día, dejemos el Jean Paul Gautier y corramos el riesgo de que nos peguen grajo.

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