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JCE: piernas de gelatina


La Junta Central Electoral tiene que mostrar mayor fuerza en sus ejecutorias. Cuenta con el apoyo del pueblo y de la mayoría de los partidos políticos, pero anda a gatas. La lucha interna entre por lo menos dos de los jueces electorales, torpedea el alcance de sus programas. Es necesario que los magistrados se zafen de ese pesado fardo.

Es un organismo colegiado, pero donde debe imperar la voz de la mayoría. Si un juez tiene una posición tremendista, se deja a un lado. Que ejerza su posición en los medios de comunicación y ya.

Uno de los problemas de los dominicanos es que no les gusta respetar la voz de la mayoría. Donde hay cinco, con tres hay mayoría y la decisión que se tome es de todos.

El presidente de la Junta Central Electoral debe saber que está allí para organizar unas elecciones libres y democráticas, y no para satisfacer los deseos de sus compañeros miembros del organismo.

En ocasiones para hacer prevalecer la democracia, hay que actuar de forma unilateral, eso si, siempre con el apoyo de la mayoría y siguiendo una trayectoria correcta.
Por lo pronto, es inexplicable que haya por lo menos un juez miembro de la JCE que todavía quiere seguir trillando el camino de los notables.

La función básica y fundamental de la JCE es organizar las elecciones. Para tratar cualquier tema de posibles fallas o irregularidades surgió el Tribunal Superior Electral.

Si se acude a los mediadores, entonces se estará dando un golpe de muerte a la institucionalidad. Se está diciendo que ese Tribunal Superior Electoral que va a costar tantos millones de pesos mantenerlo, no sirve para nada.

Cada problema, por más nimio que sea tiene que ir al tribunal electoral, no a los mediadores.

Los representantes de la sociedad civil y algunos jueces electorales, no quieren ese tribunal, sino a los mediadores.
Porque en el fondo ellos no quieren sentencias para cerrar una litis, sino que haya una decisión que les beneficie en particular.

La sociedad civil se encuentra más segura, más representada, con los mediadores católicos, que con el tribunal Superior Electoral.

Pero la JCE no tiene que ser graciosa con sus representantes de la sociedad civil, ni con los partidos políticos; su misión es organizar las elecciones, y que lo haga bien.
Hay confianza en el presidente y los miembros de la JCE, pero ésta se fortalece o se esfuma en base a las ejecutorias del día a día.

Todavía esa institución luce con las piernas de gelatina, más propensa a doblar rodillas que a estar vertical. Hay que cambiar esa imagen, no importa quien caiga en el camino.

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