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Muere Manuel Fraga, Padre de la Constitución, era uno de los políticos de mayor trayectoria en España


Lo consiguió casi todo. Desde su primera gran cita con la política como ministro de Información y Turismo con Franco (1962) hasta su entrada en el Senado, siempre fue un político a tener en cuenta. El ex presidente del Gobierno Felipe González decía que «le cabía el Estado en la cabeza»
; el ex portavoz del Bloque Nacionalista Galego Xosé Manuel Beiras destacó en numerosas ocasiones su inteligencia y lucidez, y líderes comunistas como Santiago Carrillo mantuvieron una relación estrecha y frecuente con el fundador del Partido Popular.
Al margen de sus libros y sus ensayos, que dan fe de su densidad intelectual, la verdadera forma de reconocer a Manuel Fraga es a través de sus gestos, de sus acciones y su praxis política. Su ideología, a pesar de las matizaciones que ha ido añadiendo en función de las circunstancias que le tocaron vivir, fue el conservadurismo. Admirador de Don Antonio Cánovas del Castillo o de políticos regionalistas como Alfredo Brañas, supo adaptarse a las circunstancias de su tiempo, pero siempre sin perder los referentes.
En su caso, muchas de las anécdotas que protagonizó pueden elevarse a categoría. Puntual, sistemático, rotundo, disciplinado, enérgico y firme son características en las que se reconoció y las que califican al hombre serio. Quizás la evidencia de todas estas cualidades o defectos provocaron una identificación inmediata del pueblo gallego con su presidente desde finales de 1989 hasta el año 2005. También quizás está la clave de sus éxitos electorales en Galicia y también una de las razones del poco reconocimiento que tuvo en algún sector más progresista de la sociedad española.
Sus principios ideológicos estaban anclados y fundamentados, aunque no fuesen afortunados, pero su personalidad lo conducía a llegar hasta el final. Conocidas son sus discrepancias con la derecha sociológica y política en la relación que mantuvo con el régimen de Castro o en la propia promoción de la lengua de Galicia. También los enfrentamientos que mantuvo con sectores como los homosexuales o su forma de practicar una nueva tutela sobre la ciudadanía que resucitó en cierto modo el caciquismo, y convirtió a la administración pública gallega en principal empresa creadora de empleo en Galicia.
Muchos de sus detractores lo acusaron de haber sido ministro de un dictador y luego convertirse en un ferviente autonomista. Sin embargo Fraga, pragmático, lo explicaba como una evolución natural en la que nunca traicionó a España.
Su lenguaje directo fue material de recurso para periodistas. Ejemplos no faltan y sin ir más lejos a la Mesa por la Normalización Lingüística les respondió cuando lo acusaron de no proteger el idioma con esta frase: «A Xunta non recibe ordes dunha Mesa con tres pés». A propósito del matrimonio homosexual, en un mitín en el año 2005 en A Rúa de Valdeorras, señaló: «Iso non é matrimonio, ya lo dice la palabra Mater Anubis, pero non estou en contra deles, bastante desgracia teñen». Sus salidas de tono también se refirieron a los jóvenes: «En Galicia o que non quere estudar é porque prefire ir de botellón». Histórica es la frase también que utilizó para ungir a José María Aznar como nuevo referente de la derecha española. En el congreso de Sevilla (1989), donde Aznar salió elegido con su beneplácito, se dirigió a los compromisarios enseñando una carta manuscrita del ex presidente del Gobierno en la que presentaba su dimisión y se sometía a la voluntad del fundador diciendo: «Aquí no hay tutelas, ni tu tías, aquí está el líder del partido, que ya por este gesto merece serlo» y Aznar lo sustituyó con todas las consecuencias y por cierto, llegó a la Moncloa.
Desde su puesto como presidente de la Xunta, Manuel Fraga hizo aportaciones interesantes en distintos campos y dirigidas a todo el país: Reforma del Senado para convertirlo en una cámara de representación territorial, la administración única para ahorrar trámites al ciudadano, representación permanente de las comunidades autónomas en la Unión Europea…Sus relaciones con los gobiernos españoles fueron buenas en el plano formal, incluso cuando gobernaron los socialistas. Admirador del sistema británico siempre se creyó parte de esto que los constitucionalistas del Reino Unido llaman «Leal oposición de Su Majestad» y nunca entendió la descortesía institucional. En uno de los viajes del ministro Cascos a Asturias, cuando era presidente, Sergio Marqués, ministro y presidente del Principado no se saludaron y Fraga respondió a los periodistas: «A mí eso no hubiera pasado nunca, por algo he sido embajador».
Ya en su tierra o de vuelta a Galicia consolidó la autonomía y armó el entramado institucional. También visibilizó la identidad gallega dentro de España y modernizó la comunidad autónoma. No obstante, lejos queda todavía Baviera, su lugar soñado, con los parámetros de renta que tiene Galicia ya que sus gobiernos no consiguieron aprovechar el potencial económico y humano gallego para que el territorio dejara de estar en la segunda división europea.
Tras perder en 2005 el poder, decidió regresar a Madrid, en concreto, al Senado. Una vez ocupó su escaño el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se acercó a saludarlo personalmente y él se lo agradeció. Asistió siempre a lo actos de la Xunta en la capital del Estado y departía amigablemente con el ex presidente Touriño o el ex vicepresidente Quintana.
Por el contrario, su relación con su partido no siempre fue fácil. La relación con José María Aznar parecía por momentos congelada, pero como el padre que perdona al hijo pródigo, nunca reprochó al presidente Aznar ninguna de sus decisiones. Se mantuvo al margen de las refriegas diarias y montó su propio mundo en el noroeste peninsular. Comparecía en los congresos del partido, para recibir la aclamación de sus seguidores que lo vitorearon hasta el final y siempre tuvo un despacho a su disposición en la sede nacional de Génova como presidente Fundador del Partido Popular.
Su dureza y firmeza no dejó de ponerlas en práctica hasta el final. Sólo se le quebraba la voz al hablar de Galicia, a la que se refería como «Nai e Señora» («Madre y Señora»), y a España, como lo único importante.

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