22.5.11

Tormenta de Nieve bajo el dominio de Contador

Mikel Nieve, exhausto y eufórico en la meta de Val di Fassa

Mikel Nieve prolongó el fin de semana más festivo de la historia del Euskaltel-Euskadi con una victoria imponente en la cima de Gardeccia, un día después del apoteósico éxito de Igor Antón en el Monte Zoncolan. El tormento de la etapa reina del Giro de Italia —que el ganador culminó en siete horas, 27 minutos y 14 segundos— destrozó los puestos de podio que se habían forjado el día anterior en la cima del Zoncolan
, salvo el primero, que permanece bien custodiado por un Alberto Contador inabordable, tercero de la etapa, pero más líder que nunca: aventaja en 4:20 a Michele Scarponi y en 5:11 a Vincenzo Nibali. Antón se dejó el podio al entrar 18º, a 7:59 de su compañero de equipo. La Marmolada se le hizo eterna. Del tercer puesto de la general, ha pasado al undécimo, a 9:37 del dominador incontestable de Pinto. Nieve toma el relevo naranja en la 'classifica': quinto, a 7:03.

El corredor navarro, de Leiza, que ya ganó el año pasado una de las etapas estelares de la Vuelta a España en Cotobello, agarró una escapada de 18 hombres en el primero de los cinco puertos duros de la jornada y reguló durante la ascensión a la cima Coppi, la más alta de las que se franquean en esta edición de la carrera italiana. Se le fueron varios corredores adelante, entre ellos el veteranísimo Stefano Garzelli, que tenía anotada esta etapa para cumplir con su historial en la carrera rosa, pero que acabó segundo a 1:41 del vencedor.

Bravísimo, el italiano cruzó el Giau con 46 segundos de ventaja sobre el español, que eran 1:20 a 38 kilómetros de la meta, cuando la carretera empezaba a enfilar rampas que llegaban a la terrorífica Marmolada o Passo Fedaia. Aún en la cima de este puerto mítico, el líder del Acqua & Sapone contaba con un margen de 39 segundos que se agotó al final del descenso, cuando apenas quedaban seis kilometros, todos mirando al cielo, hacia el Refugio Gardeccia, donde Andrés Gandarias ganó una mítica etapa del Giro en 1976, donde Felice Gimondi perdió el liderato momentáneamente a manos del belga Johan De Muynck. Mikel Nieve no esperó a Garzelli y fue a buscar su etapón, su gesta inmensa que perdurará en el tiempo, como la de Gandarias.

Lastras y Rujano, al quite
Cuando la segunda victoria del Euskaltel en el Giro estaba prácticamente asegurada, Contador ya había saltado, con cinco kilómetros por delante, para amortajar la mínima expresión de contestación que pudiera quedar. Vincenzo Nibali, que lo había atacado con energía en el descenso del Giau, jugándose la piel, se había quedado en la Marmolada y recuperado casi un minuto, de nuevo bajando ese penúltimo puerto. Michele Scarponi tensó la cuerda en la primera rampa del Gardeccia, sonó de nuevo la música hecha ciclismo del campeonísimo de Pinto.

Alberto Contador actuó con serenidad frente a los amagos de sus enemigos y con decisión en el momento en que desea imponer su autoridad. Su superioridad física, táctica y mental es demasiado evidente. Además, cada día encuentra aliados por el camino. En el viaje de dolomítico de 229 kilómetros entre Conegliano y el Refugio Gardeccia, recibió oxígeno en momentos cruciales de amigos, casuales o no, como Pablo Lastras o José Rujano. Lo cual es más que elogiable: un campeón debe saber también establecer acuerdos que le favorezcan. La Italia de las bicis se enfada: los españoles se han convertido en una pesadilla.

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