El periodista es voz y conciencia de su comunidad, de su
pueblo, de sectores determinados de su entorno social.
Aún la indiferencia del periodista a los problemas
sociales, enmarca un carápter ideológico y una posición frente al acontecer diario.
Estar de espaldas a los problemas que enfrenta el gran
pueblo, no es borrar los hechos, sino que usted toma parte con un sector determinado.
Los hechos y su marcha, empujan al comunicador a tener
una posicion de rechazo o de apertura frente al desarrollo de la crisis social.
Si usted no toma parte de un movimiento de conquistas y
reivindicaciones sociales, está dejando su sillón a otro, y toma parte, pero no
pasando de ser un convidado de piedra.
El periodista de hoy enfrenta uno de los retos más grande
de su historia.
Para muchos, la lucha de hoy, en el diario convivir, no
es por conquistas sociales, y de ser
abanderado de los más necesitados, o por el mantenimiento de la vida, sino para
conseguir regalías.
Una mayoría considerable de periodista sólo ve el
horizonte económico, y su lucha se enmarca en la búsqueda de facilidades y no
de felicidades.
Todo cambió, cuando la prensa dejó de ser de un dueño
único, hombre –propietario que ofertaba su negocio, de acuerdo a sus preferencias
personales.
Con la salida de los viejos dueños de periódicos y radiodifusoras, y
pasar a entregar los medios a los grandes consorcios, todo cambió; se inició
otro panorama informativo.
El periodista puede ser lo más parcializado que quiera, contestario si lo
busca, pero ante todo no debe olvidar su
deber con la comunidad.
No puede haber compromiso social, cuando el periodista es
parte del engranaje de grupos económicos o políticos.
El periodista tiene todo el derecho de ser miembro de un
grupo económico y político, y bajo esas alas hablar todo lo que le venga en
gana.
Nadie le puede prohibir al informador que tome el camino
que más le convenga, y se olvide de los demás.
Los grandes consorcios son hoy los dueños de los medios informativos,
y fijan la línea a seguir, de acuerdo a sus necesidades económicas.
El surgimiento de los medios de difusión propiedad de grandes
empresarios, presenta un dilema que se tendrá que dilucidar en breve tiempo.
Se da el caso de que algunos periodistas se cuidan más de
no molestar a los anunciantes, que en corregir sus faltas ortográficas.
No importa en que tribuna esté el periodista, siempre
debe levantar su voz. Si se calla el cantor, calla la vida. Si el periodista es
presa de los grandes consorcios económicos y o políticos, se está callando el
cantor, se está callando la vida.
Todavía pienso que
que el juglar de la verdad, el hombre o la mujer de PC, no apagará su laptop, porque tiene un deber con su comunidad.
Voz y Conciencia de su comunidad, pero muchos tienen
ronquera.
Manuel Hernández Villeta es
periodista, escritor y crítico de cine dominicano.
