Los poetas malditos de Rusia decían que en las cárceles
está el germen para las grandes historias.
Allí se encuentra la promiscuidad, el abandono social, la
imposición del más fuerte, el carcelero corrupto, la falta de esperanzas, y el
morir cada día, a pesar de que está latiendo el corazón.
Los dominicanos que hablamos de esperanzas y de futuro
debemos ir a las cárceles nacionales y echar una ojeada.
La mayoría de los presos por atracos, hechos de violencia
y microtráfico de drogas tienen menos de 30 años.
Esto nos da un índice cierto y efectivo de la sociedad
que estamos construyendo, y el futuro que tendremos.
Esos delincuentes
entre doce y 25 años salieron de los barrios marginados, de la más
terrible de las miserias, donde ni siquiera existe ya el día a día sino el
momento.
Cuando una muchacha o un muchacho pierde las esperanzas y
sólo ve el alcance de sus brazos, su único refugio es la pandilla, y la
comisión de robos, atracos y la prostitución para subsistir.
La pandilla en el barrio marginado, no tiene la misma
concepción que le da el teorico de cuello blanco, que va a disertar ante las
cámaras de televisión, y que somete estadísticas a organismos internacionales.
Lo único que da identidad propia, le hace sentir
importante y le da protección y apoyo al joven desamparado de los barrios, es
la pandilla.
La sociedad a ese joven lo abandona, no puede iniciar sus estudios, no encuentra trabajo,
si se enferma, tiene que curarse con tizanas, y por la forma en que está
vestido, la policía lo detiene por sospechas.
La pandilla en el barrio le da a ese joven descarriado
una fuerza social que no tiene, le da un apoyo con el que no cuenta en su
familia destruida, le consigue dinero para subsistir, y no le da importacia a
que sea analfabeto.
El surgir de las pandillas en los barrios solo puede ser
contrarrestado con medidas sociales que
lleven educación, salud, trabajo y fe en el futuro.
Hay que masificar los deportes, los clubes culturales,
los consejos a las jóvenes adolescentes, las asociaciones de amas de casa, y
valorar a la familia, a los vecinos y a
los maestros
Una chica de quince años que se tiene que prostituir por
un picapollo para poder comer, es una afrenta a la sociedad y la punta de lanza
del pandillerismo.
Un niño de diez años que limpia el vidrio a los carros en
los semáforos, o pide dinero, es el futuro delincuente, si no le damos otra
alternativa
Culpable de la formación de esas pandillas y delincuentes
barriales son los que tratan con indiferencia los problemas sociales, y que no
hacen una genuina distribución de las riquezas.
Hay que sacar a la juventud de la marginalidad,
ofreciéndole mejores condiciones de vida, y seguridad de que tendrá un mundo
mejor.
La violencia de la ley también es necesaria. El puño de
hierro se debe aplicar a los que son sorprendidos cometiendo un robo o un
crimen. No puede haber un ramo de flores para el que es sorprendido infrangti
en la comision de un acto violatorio de la ley.
Echemos un vistazo a las cárceles dominicanas, y
tendremos un reflejo fiel de cual es nuestro futuro.


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